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Familia a la Deriva

  • 23 ene
  • 1 Min. de lectura

Hay comedias familiares que encuentran frescura en lo cotidiano… y otras que repiten la fórmula sin lograr que funcione. Familia a la deriva apuesta por una historia que hemos visto incontables veces: un padre ausente que intenta reconectar con sus hijos en medio de circunstancias forzadas. El problema no es la premisa, sino la ejecución.

La construcción de personajes es superficial, y el carisma —clave en este tipo de historias— prácticamente no aparece. Las relaciones se sienten poco trabajadas, lo que hace difícil generar empatía real. Incluso el arco del protagonista carece del peso emocional necesario para sostener la narrativa; la desconexión no solo es parte del guion, también termina trasladándose al espectador.

El ritmo acelerado tampoco ayuda. En lugar de aportar dinamismo, provoca que las escenas pasen sin respirar, sin permitir que los conflictos evolucionen o que el humor encuentre su timing adecuado. Todo ocurre rápido, pero sin profundidad.

Dentro de ese panorama, Memo Villegas logra rescatar algunos momentos. Aunque su registro cómico se mantiene dentro de una zona conocida, al menos aporta chispa y consigue arrancar un par de risas genuinas.

En conjunto, es una propuesta que intenta ser ligera y emotiva, pero que se queda a la deriva en su propia ejecución.

 
 
 

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